Arturo Jauretche

Los pueblos no odian, odian las minorías. Porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor.



viernes, 3 de abril de 2015

Lo que va a pasar

La idea me quedó retumbando después de una cena en la que conversábamos sobre uno de los temas excluyentes, hasta junio por lo menos, la sucesión presidencial. Uno de los presentes dijo: “es lo que va a pasar, no es lo que yo quiero que pase pero es LO QUE VA A PASAR”. La fascinación por conocer el futuro o lo que va a pasar, es bien conocida y abarca desde el tiempo (meteorológicamente hablando) hasta el resultado de un partido de fútbol. A priori, a todos nos gustaría saber qué va a pasar. Sin embargo, saber lo que va a pasar es de derecha (entendiendo por derecha en este caso lo conservador). Ahora bien, ¿por qué mezclo la futurología con la derecha? La idea en la que me baso para decir esto es que el que sabe qué va a pasar pierde la voluntad por hacer o por intentar que el futuro sea de una determinada manera. Veamos un ejemplo simple y trivial, ¿alguien iría a ver a su equipo sabiendo de antemano que va a perder 3 a 0? Por favor dejemos de lado la lógica del aguante, según la cual aun conociendo este resultado catastrófico hay que ir a alentar al equipo. Lo que mueve a un hincha es la esperanza, incluso cuando su equipo sea un desastre y venga jugando horrible, cada nuevo partido se renueva la ilusión, la esperanza, la ilusión es lo que hace que uno vaya a la cancha aun intuyendo que el resultado puede ser adverso (si venimos siendo un desastre) pero con la interna luz de esperanza de que este domingo la cosa puede cambiar. Nadie iría a ver a su equipo si supiera que va a perder 3 a 0, se quedaría en su casa o haría otra cosa, pero ¿qué pasa si sabe que va a ganar? Obviamente en este caso lo primero que se nos ocurre es que iríamos a la cancha a disfrutar del triunfo. Sin embargo, la certeza del triunfo le quita emoción, expectativa y pasaría a ser un trámite; tampoco sirve tener la certeza de que nuestro equipo va a ganar. Lo que nos moviliza es la incertidumbre, esa tensión de no saber qué va a pasar, de que podemos volver contentos o puteando y amargados. Pero la charla a la que me refería al inicio nada tenía que ver con fútbol, se refería a cómo resolvería el FpV su candidato para la elección de este año y qué hacer ante ello. Y en ese contexto fue en que se lanzó la frase “es lo que va a pasar” referida a que el actual Gobernador de Buenos Aires ganaría las PASO y sería el candidato del FpV. La afirmación fue lanzada con resignación pero contundentemente: “es lo que va a pasar, no es lo que yo quiero pero va a pasar”. Los fundamentos de esta afirmación podrían ser encuestas, intuición, una evaluación del cuadro de situación actual u otros. Pero eso no es lo que importa sino que de esa certeza es hija la resignación, la paralización, es decir aceptar el statu quo que nos imponen y por eso la tesis de que conocer lo que va a pasar es derecha. Más allá de indicios más o menos fuertes sobre algo, nadie sabe lo que va a pasar y lo que puede hacerse es plantear escenarios para tomar decisiones y plantear estrategias, pero sin perder de vista que son eso: escenarios. Y los escenarios pueden cambiar por diversos motivos, algunos totalmente imprevistos. Repasemos como ejemplo lo que pasó en Brasil con la muerte en un accidente de un candidato meses antes de las elecciones lo que catapultó a Marina Silva como una aspirante seria a la presidencia. Otro motivo es que la voluntad de muchos y su perseverante militancia logre cambiar el escenario y por tanto, mediante la voluntad, se tuerza lo que inicialmente parecía algo ya definido. Entonces, como no sabemos lo que va a pasar, lo peor que puede pasarnos es dejarnos convencer de que determinadas cosas ya están definidas, ya que eso nos inmoviliza, nos quita las fuerzas. Lo que debemos hacer es pensar en lo que queremos que pase y trabajar para que pase. La fuerza de la voluntad que le dicen, con la cual puede modificarse la realidad, o en este caso el futuro que parecería escrito. Y en mi caso, como no dispongo de la bola de cristal, sólo sé lo que yo quiero que pase y no lo que va a pasar. Y lo que quiero que pase es que tengamos un candidato que realmente represente, garantice y profundice el proyecto; lo que claramente no hace el actual Gobernador de la provincia de Buenos Aires, por lo que voy a hacer todo lo que esté a mi humilde alcance (lo cual lamentablemente no es mucho) para que ocurra.

jueves, 21 de agosto de 2014

El futuro ya llegó

Como dice con poética inigualable el Indio, el futuro ya llegó. Esto puede aplicarse igualmente a un aspecto económico y otro político. El primero es la tan temida restricción externa y el segundo la elección del candidato en el FpV. Ambos aspectos ya podían vislumbrarse como parte del futuro luego de las elecciones de 2011, pero en ese momento ambos parecían parte del futuro lejano, pero el futuro llegó hace rato. Voy a dejar de lado en esta nota el aspecto económico para centrarme en el político, es decir la elección del candidato del FpV para la elección del año próximo. En este aspecto, luego de ganada contundentemente la elección del 2011 y ya con el dato de haberse producido la inesperada muerte del irremplazable Néstor, se vislumbraba la dificultad que tendría la sucesión de Cristina. En aquel momento algunos fantaseaban con una reforma de la Constitución para poder habilitar una reelección adicional o hasta indefinida. Personalmente nunca consideré que la solución a la sucesión fuera patear el problema hacia adelante habilitando una nueva reelección, ya que más tarde o más temprano habría que suceder a Cristina. Por otro lado, si bien hay voces autorizadas que fundamentan la necesidad de que existan reelecciones indefinidas en sistemas presidencialistas fuertes como el argentino, creo que la limitación de los mandatos presidenciales consecutivos es altamente favorable ya que genera la necesidad de renovación y de generación de nuevos liderazgos. Además, si bien se trata de una especulación personal, siempre estuve convencido de que Cristina no impulsaría una reforma constitucional para perpetuarse en la presidencia. Por todo esto, ya en el eufórico final de 2011 algunos vislumbrábamos como una gran encrucijada la sucesión de Cristina, pero claro, eso era un futuro lejano y habíamos ganado con el 54%. Pero como el futuro ya llegó, estamos ahora frente a la encrucijada de la sucesión sin más alternativas que definirnos y sin posibilidad de seguir pateando la decisión hacia adelante. Y en esta encrucijada aparece, como podía también preverse desde aquél remoto 2011, la figura de Scioli. El actual Gobernador de la provincia de Buenos Aires, desde una mirada superficial y con cierta lógica, surge como el “candidato natural” del FpV ya que fue Vicepresidente de Néstor en su primera presidencia y dos veces Gobernador de Buenos Aires en coincidencia con los mandatos de Cristina. Ahora bien, la idea no es tener una mirada superficial sino profundizar en el análisis y, para ello, creo conveniente sumar al análisis la dicotomía entre si lo fundamental es el movimiento, partido o como quiera llamárselo (en este caso el FpV); o quien conduce el espacio. Los que consideran que lo fundamental es el partido considerarían sin mayores dudas que Scioli debe ser el candidato ya que es quien tendría mayores posibilidades de ganar la elección (dejemos esto para discutirlo en otro momento ya que tengo mis dudas al respecto) como candidato del FpV. En cambio, los que consideramos que la conducción es fundamental y es lo que finalmente define la orientación del espacio, claramente no pensamos a Scioli como el candidato adecuado para el FpV; por la sencillísima razón de que no es kirchnerista sino un aliado circunstancial. Creo importante en este punto plantear dos ejemplos que creo que podrían aportar al planteo de que lo fundamental es quién conduce el espacio. El primero es contrafáctico pero no por ello menos ilustrativo. Imaginemos por un momento que en 2003 Duhalde hubiera elegido a Scioli como candidato a Presidente y a Néstor de Vice. Está claro que es un ejercicio totalmente alejado de la realidad de aquél momento pero hagamos el esfuerzo. ¿Alguien puede pensar que Scioli hubiera liderado un gobierno como el de Néstor? Dejo para que cada uno se responda esta pregunta en la intimidad de su conciencia. El segundo ejemplo ocurrió y fue totalmente nefasto. El innombrable de Anillaco condujo, desde el peronismo, una destrucción del entramado social y productivo totalmente en contra de los principios de dicho movimiento. Y el partido no lo echó, sino que, salvo muy honrosas excepciones, lo acompañó en la impúdica fiesta de la pizza con champagne. Queda claro entonces que considero que Scioli desde ningún punto de vista puede ser considerado el candidato del FpV porque no es kirchnerista y por ende no garantiza la continuidad del proyecto. Ante esta definición aparece el argumento de que se lo puede condicionar con listas de Diputados leales, etc., etc. Ante esto pregunto, ¿se lo pudo condicionar en sus dos períodos de Gobernador? Claramente no. Y eso que la provincia depende financieramente del Gobierno Nacional, pero ni así. Entonces, si no se lo pudo “condicionar” como Gobernador cómo pueden pensar que lograrán condicionarlo en la eventualidad de que fuera Presidente, con la posibilidad de firmar Decretos, designar Ministros (¿imaginan el Gabinete con Casal de Ministro de Justicia y Granados de Ministro de Seguridad?) y otras bellezas. Otro punto que creo interesante repasar es el de Insaurralde, ¿o debería llamarlo MI? Lo traigo a discusión porque Insaurralde fue el candidato de Scioli. Aunque haya sido el candidato de Scioli no puede soslayarse la responsabilidad de Cristina en esta elección, porque hay que ser autocrítico y no puede dejarse pasar el hecho de que se haya elegido a este personaje para encabezar la lista de Diputados de la provincia de Buenos Aires. Pero volviendo, Insaurralde ha demostrado estar dentro del FpV por conveniencia, no demuestra tener ninguna convicción y coquetea con el massismo sin ningún tapujo. Y ni hablar de la estética y la banalidad que muestra. Impresentable y fue “nuestro” candidato. Creo que puede verse un interesante paralelismo entre Insaurralde y Scioli, sin olvidar que éste último también coqueteó con el massismo en 2013. Como conclusión, mi planteo es que Scioli no es una opción. Scioli es el enemigo dentro del FpV. No vislumbro diferencias entre un eventual gobierno de Scioli, Massa o Macri y creo que tenemos que dar la batalla para ganarla y si no se gana mantener una identidad que permita contener la militancia, no trasvestirnos o menemizarnos por la falsa ilusión de que a Scioli se lo podrá condicionar “metiendo Diputados propios”, como si no fueran a darse vuelta muchos en cuanto el poder cambie de manos. O pensar que Cristina seguirá siendo la conductora aún con Scioli como Presidente. Creo que no hay que ser ingenuos, Scioli no nos representa y por eso no es una opción, es una amenaza.

sábado, 25 de enero de 2014

Hacernos cargo

Finalmente la salida a la encrucijada en la que se encuentra la economía ha sido devaluatoria, o al menos dicha tensión generó una fuerte devaluación, la cual no es neutral y trae aparejados ganadores y perdedores. Creo importante antes de continuar detenerme en el concepto de devaluación para luego profundizar sobre las consecuencias. En economía se entiende por devaluación la pérdida de poder de compra de una moneda respecto de otras, que es lo que ocurrió con el PESO el último año y particularmente en la última semana. El dólar pasó a costar $8,03 cuando hace exactamente un año costaba $4,97 (61,5% de devaluación) y el salto entre el martes y viernes últimos fue de 16,5%. Si bien la referencia es respecto del dólar por tratarse de moneda más ampliamente aceptada a nivel global, la pérdida de valor del PESO fue respecto de todas las monedas (euro, real, peso chileno, peso uruguayo, etc.). Es por esto que sin eufemismos debe aceptarse que se produjo una fuerte devaluación del PESO el último año, fuertemente acentuada la última semana. Y digo esto ya que he notado cierta reticencia dentro de los que adherimos al proyecto kirchnerista a llamar devaluación a la devaluación. Como se menciona más arriba, la devaluación no es neutral. Repasemos porqué. El aumento del valor del dólar beneficia principalmente a los exportadores, quienes venden su producción en dólares y obtienen mayor cantidad de PESOS por el mismo producto. Dentro de estos ganadores están, fundamentalmente, los sectores agroexportadores que vienen presionando por esta devaluación, vía retención de granos, hace un largo tiempo. A su vez, la devaluación genera aumento de precios en PESOS (inflación) ya que muchos productos que se consumen en el mercado local son importados (muchos electrónicos por ejemplo) o tienen componentes importados. Incluso aquellos bienes que son producidos íntegramente en el país, como por ejemplo la leche, requieren equipamiento (bienes de capital) importados o con alto porcentaje de componentes importados. Es decir que para una empresa láctea pasa ahora a ser más caro ampliar su capacidad de producción o mejorar su productividad, lo que finalmente impacta en el precio y/o cantidad de leche que podrá ofrecer. Pero siguiendo con la idea de ganadores y perdedores, podríamos decir que todos aquellos actores económicos que pueden ajustar sus precios (empresas, comerciantes, cuantapropistas) posiblemente puedan neutralizar el efecto negativo de la inflación vía aumento de precios, por lo que, simplificando, podría decirse que salen empatados. Entonces, ¿quiénes pierden? Claramente los perdedores son los sectores asalariados, que sólo pueden ajustar sus ingresos vía aumentos salariales que son anuales y no mayores al 25%-30% en PESOS para los sectores formales (trabajadores en blanco). Dentro de los perdedores claramente aún resultan más perjudicados los asalariados informales (trabajadores en negro) los que tienen menos herramientas para luchar por una recomposición salarial. Es decir que la devaluación hace perder poder adquisitivo de los salarios y genera una regresiva distribución del ingreso (es decir que se llevan más los que ya se llevaban más). Ahora bien, ¿si la devaluación es negativa para los sectores populares por qué un Gobierno que los viene favoreciendo como ningún otro en 60 años genera esta salida devaluatoria? Esta es la pregunta que incomoda al kirchnerismo y para la cual ya se encontró una respuesta tranquilizadora: fue un golpe de mercado generado por Shell. Con esta explicación se purgan culpas y tenemos un excelente chivo expiatorio, la petrolera anglo-holandesa. Pero, ¿nos vamos a conformar con esta respuesta? Revisemos un poco. Shell realizó una compra de 3,6 millones de dólares el jueves 23/01 a $8,70 pero el día anterior el dólar ya había sufrido un fuerte aumento de $0,23 y acumulaba una devaluación anual del 44%. Es decir que, en todo caso Shell realizó una operación desestabilizadora en un contexto de devaluación preexistente. Por otro lado, si con la compra de 3,6 millones de dólares desestabiliza el tipo de cambio es que la situación cambiaria era sumamente endeble. Hay que notar que si el Gobierno hubiera decidido contener el alza del dólar lo podría haber hecho vía venta de reservas del BCRA, de hecho lo hizo el jueves para que el cierre fuera de $7,79 y no de $8,40. Pero finalmente se lo dejó subir a $8,03 el viernes. Es decir que se priorizó resguardar las reservas en lugar de evitar el salto devaluatorio final (recordemos que durante todo 2013 el ritmo devaluatorio había sido bastante mayor al de los años anteriores). Resumiendo, es claro que Shell operó en forma desestabilizadora pero el contexto devaluatorio era preexistente y el Gobierno optó por contener en forma parcial la devaluación buscada por el establishment económico. Rechazando entonces la respuesta autocomplaciente de que Shell es malo y nos hizo devaluar el PESO seguimos aún sin responder porqué el Gobierno convalidó la devaluación del PESO reclamada por el establishement y que perjudica a los sectores populares. Claramente la respuesta no es simple y seguramente debe haber más de una. Para intentar una respuesta debe buscarse por el lado de la restricción externa que generó una fuerte pérdida de reservas del BCRA. Es decir, la situación macroeconómica tensa por la falta de divisas generó un caldo de cultivo óptimo para llegar a esta devaluación. También no hay que dejar de lado el exceso de voluntarismo y los errores no forzados que vienen cometiéndose en el ámbito económico en los últimos tiempos. ¿Qué hacemos entonces con este estado de cosas? ¿Pensamos que se arrearon las banderas y que el proyecto que tanto dio por los sectores postergados claudicó? ¿Seguimos buscando excusas y chivos expiatorios para exculparnos para poder mantener nuestra conciencia nac&pop en paz? Ni una cosa ni la otra, lo que debemos hacer es HACERNOS CARGO de que perdimos una batalla por errores propios y porque el enemigo es fuerte y siempre acecha. Reconocer esta situación, sin eufemismos, sin explicaciones autocomplacientes, revisando errores; es lo que nos puede dar la base para volver a la ofensiva y para poder trabajar por una más justa distribución del ingreso pero esta vez con bases más sólidas que eviten que nos hagan retroceder nuevamente por la vía devaluatoria. A los poderosos de siempre que se afilan los colmillos porque huelen sangre les digo que vamos a seguir dando pelea, no vamos a entregarnos por una batalla perdida.

sábado, 9 de marzo de 2013

Anti-política en Venezuela y Argentina

La muerte del Comandante Chávez me encontró casualmente en Venezuela. Si bien hay mucho para contar respecto de las experiencias de vivir estos intensos e históricos días en la República Bolivariana de Venezuela, este texto se trata de algunas reflexiones que me surgen de algunas conversaciones en las que participé, o simplemente escuché en estos días. Una cena con otros argentinos con los cuales compartimos el viaje derivó en una charla con ribetes políticos en el tono ameno que se da cuando los interlocutores se conocen poco y tienen que seguir interactuando. Luego de algunos comentarios obligados referidos a la actualidad venezolana la conversación derivó a Mar del Plata, ya que todos los que compartíamos la mesa somos marplatenses. Dentro del grupo de comensales, dos eran clásicos clase-media-biempensante sin llegar a un gorilismo explícito ni recalcitrante. Lo que me interesa extraer de esa charla es el comentario referido a la capacidad intelectual y de trabajo, de los políticos marplatenses en general y del actual intendente Pulti en particular que desarrollaban estas dos personas. La idea era más o menos así: Pulti no es un tipo lo suficientemente capaz ni intelectualmente brillante, yo no lo contrataría para mi empresa. Y así como Pulti ningún político marplatense es lo suficientemente capaz, ya que no han sido exitosos en sus actividades privadas. Es decir que expresaban una de las máximas de la cultura política neoliberal, o lo que yo prefiero llamar anti-política: para ser un buen político lo importante es la capacidad intelectual, de trabajo, etc y ser o haber sido exitoso en la actividad privada. Con lo que el modelo de político (o en realidad anti-político) deseable se debería ser un exitoso ejecutivo con conocimientos de gerenciamiento. Dejo la cena con los marplatenses y paso a un almuerzo (siempre comiendo van a pensar que me la paso) pero en este caso solo. Estaba sentado en mi mesa del restaurante del hotel en el cual además de mi había una mesa de unas 8 a 10 personas, compañeros de trabajo aparentemente. Todos venezolanos y jóvenes. Conversaban y como comenzaron a hablar de Maduro mi atención se centró en lo que podía escuchar de la charla. Cabe mencionar que, si no todos, todos menos uno, eran escuálidos. Seguramente a la mayoría los descoloqué con este término de la política venezolana pero es muy simple de entender, en Venezuela es un escuálido lo que en nuestras pampas es un gorila. Si bien no hace al núcleo de la nota, hago una disgreción para contar que los escuálidos debatían con naturalidad una posible estrategia que me hizo erizar la piel. La tesis era que Capriles (candidato opositor a Maduro en las próximas elecciones) no debía presentarse, para que de esta forma Maduro no pueda legitimar su victoria, ya que no sería lo mismo si ganaba (como daban por descontado los escuálidos) contra un candidato importante que si lo hacía sin opositor que se presente. Escalofriante y con ciertas reminiscencias a lo que hizo el innombrable de Anillaco en las elecciones de 2003. Esa es la oposición "democrática y republicana" en Venezuela, cualquier parecido con Argentina NO es simple coincidencia. Pero volvamos al núcleo. Una de las escuálidas decía: Maduro no tiene experiencia de gobierno, es como un pasante de Chávez. En cambio, Capriles (ex Gobernador del estado de Miranda) tiene experiencia de gestión y de gobierno. Y le decía a la mesa: ¿A quién elegirían para un trabajo importante a un pasante o a alguien con experiencia? Yo elijo al que tiene experiencia, por eso entre Capriles y Maduro; Capriles. Claramente ambas ideas tienen un hilo conductor que es la creencia de que atrás de un político no hay ideas, no hay convicciones, no hay políticas a desarrollar, no hay una construcción colectiva de la que emergen como líderes, no hay militancia que los sostiene y los empuja; sólo hay un personaje capacitado e intelectualmente mejor que la media. Esa la concepción que tiene de la política el neoliberalismo y que se basa en la teoría del fin de las ideologías. O como quiso hacernos creer Fukuyama, el fin de la historia. Esta concepción neoliberal niega por ende la política y es por ello que la considero una concepción anti-política, la cual está aún muy arraigada en la clase-media-biempensante argentina y, por la muestra que tuve en Venezuela, parece que también por los pagos del Comandante Chávez. Contra esta concepción noventista es contra lo que se debe seguir militando para concientizar cada vez más a los sectores medios y continuar sumando voluntades para los proyectos nacionales y populares en la región.

domingo, 24 de junio de 2012

Los cambios de Moyano

Me siento a escribir con la intención de aportar alguna idea respecto del enfrentamiento ahora claramente cristalizado de Moyano con el Gobierno Nacional. Si bien este nuevo estado de situación, que se viene gestando desde hace largos meses, de alguna manera se dejaba entrever, quedó claramente expuesto después del bloqueo a la distribución de combustibles del miércoles pasado. Voy a tratar de aportar un punto de vista de este nuevo estado de situación anclado en la idea de la escala de valores, o si se quiere, las prioridades de los involucrados. Pero antes, quiero hablar del cambio. Evidentemente algo cambió. Moyano y el kichnerismo fueron aliados desde 2003. De hecho, la CGT conducida por Moyano fue un fuerte apoyo durante el gobierno de Néstor y se mantuvo junto al kirchnerismo durante el primer mandato de Cristina. Esa alianza o, si se quiere, ese apoyo de Moyano al kirchnerismo comenzó a resquebrajarse durante la definición de las candidaturas para la última elección, para la cual la CGT reclamaba un espacio en las listas que le fue negado. La relación continuó empeorando con actitudes cada vez más belicosas de Moyano (recordar el acto de Huracán posterior a las elecciones) y terminó de quebrarse el pasado miércoles. La explicación de Moyano y su voceros (su hijo Pablo, el verborrágico Julio Piumato, etc) es que el Gobierno cambió y se alejó de los trabajadores, lo cual no se condice con los hechos. En un contexto de crisis internacional se mantuvieron las paritarias (de hecho el Sindicato de Camioneros cerró un aumento salarial del 25,5%), se impulsa un plan de viviendas que no sólo apunta al acceso a una primera casa a familias de clase media y media baja, sino también a la creación de empleo a través de la construcción de dichas viviendas; estos son sólo ejemplos puntuales de que el Gobierno sigue apuntando sus políticas hacia los trabajadores. Para ser más gráficos: el Ministro de Trabajo sigue siendo Tomada, no fue nombrada Patricia Bullrich. Dicho más claramente: el Gobierno no cambió. Entonces, si hubo un cambio en la relación Moyano-kirchnerismo y el Gobierno no cambió el que cambió fue Moyano. En realidad no, Moyano tampoco cambió, lo que ocurre es que su orden de prioridades, o si se quiere ser más ampuloso, su escala de valores, dejó de coincidir con la del kirchnerismo. Mi tésis es que para Moyano es más importante su propia acumulación de poder que el proyecto nacional y debido a que el kirchnerismo le pone un techo a su crecimiento político ahora lo enfrenta. Pero lo enfrenta desde en una manera descarnada, que pone en evidencia lo endeble de sus convicciones y pongo algunos ejemplos para ilustrar esta idea: - Se asocia con el Momo Venegas - Se pasea por TN (recordemos que dicen los que saben de comunicación que "el medio es el mensaje" - Es elogiado en forma impúdica por su "análisis" económico por Melconián!!! - Dice que estamos en una dictadura La lista podría seguir pero creo que es lo suficientemente ilustrativa. Volviendo, creo que Moyano deja en evidencia que para él es más importante SU proyecto político que EL proyecto nacional que lleva adelante el kirchnerismo. Y en este punto quiero mencionar que, más allá de lo que cada uno pueda opinar del kirchnerismo (los que me conocen saben que son un ferviente adherente desde 2004), es claro que el kirchnerismo tiene una vocación de trascender más allá de los nombres propios. Piensen en Juliio De Vido, Zanini, Tomada, Nilda Garré, Alicia Kirchner y hasta el mismo Aníbal Fernández, sólo algunos ejemplos del riñón del proyecto que demuestran que su compromiso con EL proyecto supera largamente sus ganas (que como todos deben tenerlas) de ser protagonistas. Y ni que hablar de Néstor y Cristina, que cuando uno fue protagonista el otro se corrió y lo apuntaló, siempre al servicio de algo trascendente por sobre sus ambiciones personales. Bueno, esto es lo que no ocurre con Moyano, quien pone por encima sus ambiciones personales. Para ir cerrando una última observación. No creo que el principal problema de Moyano sea su ambición política personal, la cual podría llevarla adelante con una línea interna dentro del kirchnerismo, lo que no sólo sería válido sino que hasta sería constructivo. El gran problema es que sus convicciones respecto del modelo de país son totalmente lábiles (por no decir inexistentes) ya que no es aceptable, por más herido que pueda estar por el ninguneo del gobierno, que ahora se asocie a la derecha agro-mediática y al progresismo bobo para embestir contra el gobierno. Su actitud se parece mucho más al de una novia despechada que al de un dirigente político con ambiciones de jugar en las grandes ligas. Por último, no quería cerrar estas líneas sin un comentario respecto de la actitud del gobierno hacia Moyano. Si bien espero equivocarme, creo que no ha sido una buena jugada no haberlo contenido. Si bien la falta de convicciones de Moyano hace que desde la teoría parezca mejor que esté afuera que adentro, es claro que esta ruptura genera un cimbronazo y que será (en realidad ya lo está siendo) aprovechada por la oposición conservadora-mediática, para esmerilar al gobierno. Esta situación me recuerda mucho a la discusión que cuanta JP Feimann que tuvo con Néstor respecto de romper con el PJ bonaerense y su postura "purista" de intelectual vs la "pragmática" del político. Creo que en este punto al gobierno le faltó el pragmatismo del gran Néstor, aunque como ya dije, espero equivocarme.

viernes, 25 de mayo de 2012

¿20 años no es nada? Si 10 son un montón!!!

20 años no es nada dice el tango. Sin embargo, para mi 10 son un montón!!! Voy a tratar de explicar a qué viene este comentario inicial. Es común (creo que le pasará a muchos) ponerme a pensar en la generación a la que pertenezco y cómo el contexto en el que nos tocó crecer y formarnos influye en las características de la generación de los que hoy tenemos alrededor de 35 años (para que no piensen que me saco años aclaro: yo ya tengo 36!!!). La generación a la que pertenezco es la que vio, siendo muy chicos, como volvía la democracia. Sin embargo, creo que tenemos como marca generacional imborrable la década menemista. Fueron 10 años y para nuestra generación fueron los años de la secundaria, de comenzar a insertarnos en la vida laboral y/o estudiar en la universidad. Y cómo no va a dejar una marca generacional imborrable esos 10 años de menemato cuando cruzaron a nuestra generación en una etapa tan crítica para cualquier persona. La década menemista es la que forjó a lo que me gusta llamar la generación de la anti-política, es decir la nuestra. Se trata de la generación que se volvió escéptica y desinteresada de la política como resultado del neoliberalismo y la farandulización. Pero además, se trata de una generación que vivió en carne propia el desguace social generado por la década menemista. Sólo a modo de ejemplo veamos el tema de la educación. Hasta nuestra generación era común para la clase media asistir a la escuela pública, de hecho, era lo más normal. Esta tendencia comenzó a revertirse al inicio de los '90 básicamente por la pauperización del sistema educativo, resistido por los gremios docentes con largos paros, a los que la clase media que aún mantenía capacidad económica, respondió con el envío de sus hijos a escuelas privadas. Este cambio, no sólo fue educativo sino social. La escuela pública hasta la década del '80 actuaba de modo integrador ya que asistían a ella desde hijos de profesionales de clase media hasta los hijos de los trabajadores más humildes. Además, las cooperadoras acercaban a los padres y hacían que los que tenían más capacidad económica aportaran para el mejoramiento / mantenimiento de la escuela. Esto desapareció a partir de los '90. A grandes rasgos la clase media se volcó masivamente a la escuela privada y quedó la escuela pública para los sectores populares, ahondándose así las diferencias de clase y de oportunidades subyacentes en el distinto origen socioeconómico. También, esta separación creo que ha aportado al incremento de la violencia social ya que se cortó un lazo inter-clase como fue en su momento la escuela pública. Y a no engañarnos, si bien la educación pública ha mejorado sustancialmente durante los gobiernos kirchneristas, la matriz generada en los '90 (clase media educación privada - clases populares educación pública) se mantiene vigente). Aprovecho la larga disgresión del ejemplo educativo para plantear que es tiempo de discutir la necesidad de la eliminación de la escuela privada. Puede sonar excesivo, pero creo que sería una medida revolucionaria, no sólo desde el punto de vista educativo, sino social. Para cerrar, y para los que crean que es excesiva la idea de eliminar la educación privada, creo que deberíamos exigir una legislación que obligue que los hijos de los funcionarios públicos de más alto rango deban asistir a establecimientos educativos públicos. Voy a tratar de volver al eje de esta nota que es la diferencia entre los que hoy tenemos alrededor de 35 y los que tienen alrededor de 25, que a priori no parece mucha. De hecho, los que tenemos 35, para resistirnos a la idea de que estamos grandes, nos vemos cercanos a los de 25. Pero analicemos algunas diferencias. Como mencioné, nuestra generación tuvo edad de insertarse a la vida laboral y/o universitaria durante la década menemista. La falta de oportunidades hizo que muchos de nuestros amigos, familiares, conocidos resultaran exiliados económicos hacia Europa y EEUU. Para los que somos marplatenses, este fenómeno es particularmente marcado teniendo en cuenta que se llegó a estimar en 30.000 los marplatenses viviendo en Palma de Mallorca!!!. No sé si el dato será exacto pero marca lo que fue el exilio socioeconómico de los marplatenses que hoy tenemos cerca de 35. Y que cabe mencionar que no comenzó en 2001, los marplatenses comenzaron su exilio en 1997-98. A diferencia de lo ocurrido con nuestra generación, los que hoy tienen alrededor de 25 llegaron al momento de su inserción laboral y/o universitaria en una Argentina en pleno crecimiento, con desempleo en fuerte baja y con la educación universitaria comenzando a mejorar de la mano de un fuerte cambio en la política educativa (pensemos en la ley de financiamiento educativo del Gobierno de Néstor y en la creación del Ministerio de Ciencia y Técnología durante el primer Gobierno de Cristina). El diferente contexto socioeconómico mencionado, hizo que el exilio se detuviera (con esto no quiero decir que no pueda haber gente que vaya a buscar su destino al exterior, sino que no es masivo ni generado por una situación socioeconómica excluyente), lo cual no es un dato menor. Además del contexto económico, está el contexto político. Los que hoy tenemos alrededor de 35 llegamos a la edad de nuestra iniciación en la vida política en pleno menemato (de hecho mi primera elección fue la de constituyentes en 1994 para la reforma constitucional). Esto hizo que la gran mayoría rechazara la política ya que la misma estaba vaciada de contenido, de mística y había además una fuerte sensación de derrota en nuestros mayores. Sólo una minoría muy valiente enfrentaba activamente el menemismo, por lo que las opciones en esa época eran la antipolítica (lo que más se dio) o una resistencia en soledad al menemismo. En cambio, la generación que hoy tiene alrededor de 25 años tuvo edad de iniciarse en la vida política con el advenimiento del gobierno de Néstor, qué diferencia!!! La política revalorándose, un Presidente que desafía corporaciones y que traspasa los límites de lo aceptado como posible, un Gobierno que decide invertir fuertemente en educación, etc., etc. Las diferencias de contextos políticos y económicos han hecho que dos generaciones cercanas seamos muy diferentes, la nuestra (la que hoy tiene 35) es una generación anti-política y diezmada por el exilio socioeconómico (particularmente para los marplatenses). La de alrededor de 25 es una generación que se formó en un contexto de esperanza, con gobiernos de actitud reparadora y con muchas más oportunidades. Por esto es que digo que 10 años es un montón!!!

martes, 1 de mayo de 2012

Importaciones

Estas líneas referidas al tema importaciones guardan relación con la anterior entrada, "La restricción externa". El tema de las importaciones, como tantos otros, tiende a polarizar las opiniones sin profundizar demasiado. De un lado quedan los liberales-conservadores con la postura: "¿por qué no puedo comprarme un Porsche si me mato laburando?". Esto lo dicen personajes de clase media que nunca se subieron ni subirán a un Porsche, pero de todos modos ven un ataque del Gobierno a su libertad individual por no dejar que se importen libremente autos de lujo. Sé que puede parecer un exceso el ejemplo del Porsche, pero así me lo plantearon el otro día en una cena. En el otro extremo, está la tentación de oponerse furiosamente a todo lo que sea importado. En esta postura subyace la sana intención del desarrollo de industria nacional que genere más y mejor trabajo para los argentinos. Pero ni un extremo, ni otro, veamos porqué. No voy a explayarme en los efectos negativos de una apertura a las importaciones descontrolada e indiscriminada, porque conocemos los efectos en el tramado industrial y social. Lo que voy a exponer son argumentos por los que es imperioso que el control de importaciones se haga en forma cuidadosa: 1- El primer argumento/ejemplo es bastante simple y básico. Argentina dispone de industria siderúrgica bastante pujante (dejemos para otro momento la discusión sobre quiénes son los dueños de esas empresas) que da empleo a varios miles de argentinos y que produce insumos para otras industrias nacionales, que también generan empleos. La industria siderúrgica depende de una materia prima fundamental: el mineral de hierro. Si se prohibiera la importación de este mineral desde Brasil (de donde proviene actualmente) no podríamos contar con industria siderúrgica y el acero para otras industrias habría que importarlo o bien no contar en Argentina con nada de hierro o acero (obviamente estos son absurdos para dejar en evidencia la idea...) 2- El país tiene hoy un déficit de combustibles (básicamente gas y petróleo) por lo que aproximadamente el 14% proviene de la importación. Está claro que sería excelente tener superávit de combustibles, como tuvimos, pero no es la realidad actual (más allá de que pueda darse en función de los descubrimientos de gas y petróleo no convencional). De más está señalar cuáles serían las consecuencias de suspender las importaciones de combustibles en la situación actual. 3- La macroeconomía del país y el crecimiento económico desde 2003 se basa, entre otros pilares, en las exportaciones. Sería bastante necio pensar que podemos exportar más y mejor, tal como necesitamos para seguir nuestro incipiente desarrollo industrial; y que el resto de los países del mundo acepten que seamos totalmente cerrados a las importaciones. 4- La industria nacional depende, en su gran mayoría, de insumos importados. Es conocido el caso de las automotrices, que exportan gran parte de su producción, pero que requieren muchas autopartes importadas. Y esto no ocurre sólo con las grandes automotrices, quienes podrían desarrollar proveedores locales para muchas de sus autopartes, sino también con muchas PyMES exportadoras o que venden productos en el mercado interno. La falta de determinados insumos/componentes que no tienen reemplazo en la producción nacional complican fuertemente a industrias nacionales que dependen de ellos. 5- Empresarios inescrupulosos. Lamentablemente en nuestro país hay una gran cantidad de empresarios que aprovechan cualquier oportunidad para obtener ganancias extraordinarias, por lo que la falta de competencia externa en determinados rubros, puede llevarn a un aumento de precios de quienes fabrican internamente. Si bien es un objetivo a seguir el incremento de la producción nacional, debe hacerse con un aumento de productividad que permita que los productos nacionales sean competitivos a nivel internacional y que se vendan a precios razonables en el mercado interno. La intención de esta nota es intentar complejizar un poco más un debate que está latente, saliendo del simplismo importaciones libres vs industria nacional u oposición vs Gobierno.